Cada 26 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, una enfermedad evitable que provoca la muerte de más de 2.300 mujeres por año en el país.

El cáncer de cuello uterino es el cuarto cáncer más frecuente entre las mujeres en el mundo. Sin embargo, la comunidad médica coincide en que podría convertirse en el primer cáncer en ser eliminado como problema de salud pública si se implementan de forma masiva las estrategias de prevención disponibles.
La Organización Mundial de la Salud impulsó una estrategia global para lograr este objetivo basada en tres metas clave: vacunar al 90% de las niñas contra el virus del papiloma humano (VPH), realizar pruebas de detección al 70% de las mujeres antes de los 35 años y nuevamente antes de los 45, y garantizar así tratamiento al 90% de las pacientes con lesiones precancerosas o cáncer.
“Hoy contamos con herramientas muy eficaces para prevenir este cáncer. La vacunación contra el VPH, los controles ginecológicos periódicos y el acceso a diagnóstico temprano pueden reducir significativamente la mortalidad”, explicó la Dra. María Laura Martínez (MN 98033) especialista en ginecología de DIM Centros de Salud.
El cáncer de cuello de útero se origina en la parte más baja del útero y en la mayoría de los casos está asociado a la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH), que se transmite por contacto sexual.
Se estima que 8 de cada 10 personas tendrán contacto con el virus en algún momento de su vida. En la mayoría de los casos el organismo lo elimina de forma natural, pero algunas variantes de alto riesgo pueden provocar lesiones que, con el tiempo, pueden evolucionar hacia cáncer.
“Este proceso suele desarrollarse lentamente, a lo largo de diez años o más, lo que brinda una oportunidad muy valiosa para detectarlo de forma temprana mediante estudios preventivos”, señaló la especialista.
La detección temprana se realiza mediante el Papanicolaou (PAP) o el test de VPH, estudios sencillos que permiten identificar lesiones precancerosas antes de que evolucionen hacia un tumor.
“El desafío no es solo médico sino también de concientización. Muchas mujeres no presentan síntomas en las etapas iniciales, por lo que los controles ginecológicos periódicos son fundamentales”, sostuvo la Dra. Martínez.
En los casos en que se detecta la enfermedad, el tratamiento requiere un enfoque multidisciplinario que involucra ginecólogos, oncólogos, radioterapeutas y especialistas en diagnóstico por imágenes.
La planificación terapéutica se realiza en función del estadio del tumor, las características de la paciente y las recomendaciones de la medicina basada en la evidencia.
“La prevención, el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos adecuados permiten avanzar hacia un objetivo ambicioso pero posible: reducir drásticamente la incidencia del cáncer de cuello uterino y, en el futuro, lograr su eliminación”, concluyó la médica.




