Conocé la historia del enfermero boxeador

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Se llama Gastón Suárez y trabaja en un hospital provincial de Berisso. Peleó por un título mundial y hoy espera la revancha. 

Gastón Súarez. Entre el ambo y los guantes.
Gastón Súarez. Entre el ambo y los guantes.

Gastón Suárez, de 25 años, estudió enfermería a través del Plan Eva Perón y hoy trabaja en el hospital provincial “Mario Larrain” de Berisso. Reparte su tiempo entre los pacientes y su gran pasión: el boxeo. En enero peleó por el título mundial en Brasil y ahora espera su revancha.

Se levanta a las cinco de la mañana en su casa de Berisso, se pone el ambo, se sube a la moto y arranca para el hospital Larrain, donde trabaja como enfermero. Por la tarde, se saca el ambo y se calza los guantes para entrenar.

Con tan sólo 25 años se le nota la vocación de enfermero y su necesidad de cuidar al otro. Cuando reflexiona sobre los pibes que van a entrenar al gimnasio que construyó junto a su padre Carlos Suárez explica que “el deporte los mantiene alejados de la calle, requiere disciplina, concentración y estrategia, y también les da contención y acompañamiento”.

Este enfermero y boxeador nació y creció en Berisso, en el seno de una familia humilde del barrio Villa Nueva. Tenía 12 años cuando se dio cuenta que el boxeo era su gran pasión. “Amar un deporte te ayuda a encauzar las energías y a concentrarte en superarse y mejorar”, sostiene.

La historia de este joven boxeador tiene, además, otros matices: siempre supo que quería seguir estudiando y eligió ir tras los pasos de su padre, quien también es enfermero.

“Necesitaba tener una profesión porque vivir del boxeo no es fácil”. Averiguó en varias escuelas y los precios de la cursada no estaban a su alcance. Justo en ese momento, el padre se enteró de que el ministerio de Salud de la Provincia ponía en marcha el Plan Eva Perón, que no solo formaba enfermeros sino que además les pagaba a los estudiantes una especie de beca para que no abandonen.

“Estábamos con un déficit notable en enfermería y lanzamos este plan que fue un éxito”, cuenta hoy el ministro de Salud provincial, Alejandro Collia. Y agrega que desde que se inició es plan, en 2009, “ya son 4 mil los enfermeros que se recibieron y que trabajan en hospitales de la Provincia: uno de ellos es Gastón, un chico con mucha motivación y vocación de servicio”.

Hoy hace seis meses que trabaja en el Larrain, el mismo centro de salud en el que estudió. Cuenta que “antes de tener este empleo me dedicaba a hacer changas de chapa y pintura, aunque ya tenía la vocación del servicio sanitario, porque también cuidaba enfermos”.

La pelea de su vida

A mediados de enero, Gastón recibió una noticia que cumpliría uno de sus sueños: tenía la posibilidad de viajar a Brasil y disputar allí el título mundial juvenil de la categoría peso pluma del Consejo Mundial de Boxeo.

El problema era que la propuesta llegó diez días antes de la pelea. “Es imposible una preparación en tan poco tiempo. Antes de cada contienda el boxeador debe tener un entrenamiento físico y psicológico que requiere meses”, explica. Sin embargo, juntó coraje, porque ganas ya le sobraban, y allí fue. Para no generar problemas en el hospital, y como entiende que se desempeña en un área “muy sensible”, siguió yendo a trabajar y pidió solo una semana de vacaciones.

El traslado y la estadía en Brasil los tenía cubiertos, pero necesitaba reunir algo de dinero para comprar los elementos que requiere un campeonato mundial. “El protector inguinal reglamentario cuesta unos mil pesos y el vendaje profesional vale otros trescientos.

Había que practicar cómo realizarlo correctamente para no desperdiciar ningún rollo de gasa y cinta”. La ayuda llegó del municipio y de algunos vecinos y, finalmente, viajó junto a su padre, que es también su entrenador.

“Así como yo seguí sus pasos en la enfermería, cuando entendió que la pasión iba en serio, mi papá se recibió de entrenador en la Federación Argentina de Boxeo, y se convirtió así en el único con esa habilitación en Berisso”, dice Gastón orgulloso.
Además de su padre, el equipo técnico se completa con su primo, Claudio Bravo y Luis Rivera, quien también es el promotor.

La noche del 25 de enero, cuando subió a aquel ring del estadio Arena Santos en San Pablo, Gastón recordó sus más de 70 peleas como amateur y pensó que gran parte del sueño se había cumplido. Miró a su rival, el campeón mundial juvenil, Adeilson Dos Santos, y por un momento tuvo la certeza que podría vencer, que no importaban los días que le habían faltado para entrenar.

“En el sexto round mi papá no me dejó seguir”, lamenta Gastón sobre el knockout técnico con el que terminó la pelea, que fue televisada por un canal de deportes internacional. Sin embargo, esa derrota no terminó con su sueño y hoy cuenta ilusionado e incansable que existe la posibilidad de tener la revancha en mayo.

“Sumé ocho peleas como profesional, gané seis, representé a mi país y voy a volver a hacerlo porque esto, recién empieza”, remató con esperanza.

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