Menos sal, más vida

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Líderes de opinión de diferentes especialidades médicas se reunieron en julio en las Jornadas Anuales de la Fundación para la Prevención y el Tratamiento de la Enfermedad Vascular Aterosclerótica (FEPREVA) que tuvieron lugar en los salones de un hotel céntrico de la Ciudad de Buenos Aires.

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Médicos especialistas en cardiología, hipertensión arterial, diabetología y nefrología coincidieron todos ellos en el título de esta columna: “MENOS SAL, MAS VIDA”, insistiendo en sus recomendaciones para corregir nuestros hábitos alimenticios restringiendo el excesivo consumo sal, uno de los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares que comprometen nuestro pronóstico y calidad de vida; un factor de riesgo que, afortunadamente, podemos controlar.

Muchas personas se preguntan el porqué de esta insistencia que excede los límites de los consultorios y trasciende a los diversos medios de comunicación, poniendo de manifiesto la seria preocupación de los médicos y las autoridades de salud. La respuesta es muy simple, porque una de cada dos personas complica su salud y termina perdiendo sus capacidades o muriendo por una enfermedad del corazón, una enfermedad vascular cerebral o una enfermedad renal.

Entre otras recomendaciones, cómo y cuándo controlar la presión arterial, la diabetes, el colesterol y mantener un estilo de vida saludable, causó impacto el lema de “menos sal, más vida” al que está dedicada esta columna.

La sal de mesa que consumimos está hecha de sodio y cloruro, su nombre técnico es cloruro de sodio. Nuestro cuerpo necesita una determinada cantidad de sodio para funcionar adecuadamente, porque el sodio ayuda a la función de nuestros nervios y músculos, también ayuda a mantener el equilibrio de los líquidos en nuestro cuerpo.

Los riñones son los órganos encargados de controlar la cantidad de sodio presente en el cuerpo. Cuando el cuerpo tiene demasiado sodio y los riñones no pueden eliminarlo, el sodio se acumula primero en la sangre y después en la pared de las arterias y los tejidos para terminar causando el aumento de la presión arterial.

A su vez, esa presión arterial alta va a terminar ocasionando otros problemas de salud más serios, afectando el corazón y los vasos, el cerebro y los propios riñones, con ellos nuestro pronóstico y calidad de vida…

El sodio se presenta de manera natural en la mayoría de los alimentos. Las carnes, las leches, las verduras contienen sodio en forma natural, como también lo contiene el agua que bebemos, si bien la cantidad de sodio varía dependiendo de la fuente, si es agua de la red o agua envasada, y según las marcas comerciales, pero todas ellas contienen sodio.

Los polvos de hornear, las salsas, los cubitos de caldos, todos contienen sal. Las carnes procesadas, los embutidos, los fiambres, los quesos y los congelados, las conservas animales y vegetales, todos contienen sodio agregado para su conservación; qué decir de las comidas rápidas o deliveries. empanadas, pizzas y repostería, que se impusieron en nuestra cultura y se caracterizan precisamente por su alto contenido en sodio.

En nuestro medio, por razones culturales, a todas estas fuentes de sodio les sumamos la sal del salero que está siempre presente en la mesa a la hora de comer y son muchas las personas que, por un reflejo automático y sin siquiera haber probado el gusto de la comida, le siguen agregando sal.

Porque disponemos de tantas fuentes para proveernos de la sal, nos resulta tan fácil cometer los excesos que cometemos, y por cometer esos excesos resultan tan frecuentes las complicaciones cardiovasculares, cerebrovasculares y renales que se reflejan en las estadísticas de salud.

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Estadísticas que llaman la atención de los especialistas y autoridades de salud que siguen reclamando nuestra atención por conservar un estilo de vida saludable, para mantener controlados los factores de riesgo que afectan la salud de más de la mitad de los adultos y vienen comprometiendo, cada año con mayor frecuencia, también la salud de los adolescentes y los adultos jóvenes.

Los argentinos consumimos un promedio de 12 gramos de sal diarios, una cifra que nos coloca en el podio de los países más altos consumidores en el mundo, cuando la recomendación de la Organización Mundial de la Salud para la población en general es de 5 gramos diarios, menos de 2 a 3 gramos en los adultos hipertensos, y estas son las metas a lograr propuestas por las autoridades de salud para el año 2020.

Con su lema actual… MENOS SAL, MAS VIDA… los especialistas llaman la atención que consumir demasiada sal es malo para la salud, en cambio, disminuyendo su consumo se puede reducir la hipertensión arterial de muchas personas y también la frecuencia de enfermedades cardíacas y cerebro-vasculares.

Debemos comenzar por las comidas que preparamos en nuestra casa, los alimentos que ya llevan sal incorporada, seguir con el salero que colocamos sobre la mesa, los deliveries de pizzas, empanadas y facturas que se impusieron entre nuestros hábitos, todos ellos con abundante sal a la que llamamos “la sal escondida” y también cuidando nuestras salidas a restaurantes, algunos de los cuales ya nos ofrecen comidas sin sal y, sin colocar el salero en la mesa, dejan librado al criterio del cliente el consumo del condimento.

Concientes que nuestros hábitos alimenticios están deformados por el abuso de la sal, un abuso que ha demostrado crear una dependencia semejante a la que producen el tabaco o las drogas no convencionales, los expertos nos recomiendan las pautas de alimentación para adoptarlas primero los adultos y luego transmitirlas y testimoniarlas a nuestros hijos y nietos, porque la niñez es la etapa más importante para el aprendizaje de los hábitos saludables que nos van a acompañar a lo largo de la vida, manteniendo nuestra salud y calidad de vida.
Por Juan Balaz para Noticias de Salud

 

Dr. Ludovico Juan Baláz Médico, docente y periodista.
Dr. Ludovico Juan Baláz
Médico, docente y periodista.

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