Meningococo: aprueban indicación para vacunar bebés a partir de los 2 meses con la vacuna cuadrivalente

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La enfermedad meningocócica es motivo de preocupación en todo el mundo debido a que entre el 10% y el 20% de quienes la padecen –afecta más a niños pequeños que a adultos– mueren por la infección. Y otro 10% a 20% sufre complicaciones como amputaciones, daño cerebral o sordera.

Desde 2010 existe una vacuna que protege contra cuatro de las cinco serogrupos más frecuentes de la bacteria que causa la enfermedad (Neisseria meningitidis), y ahora la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó su uso en bebés a partir de los dos meses.

“Esta nueva indicación es muy importante, porque los niños pequeños menores de un año son los más afectados. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación la mayor cantidad de casos fatales se presenta entre los menores de 5 años de edad, especialmente en los menores de 1 año.” afirmó el doctor Daniel Stamboulian, Presidente de FUNCEI-FIDEC. Se estima que el 88% de los casos en los menores de un año se producen antes de los nueve meses de vida.

La enfermedad meningocócica es una enfermedad impredecible y devastadora que suele progresar rápidamente e incluso producir la muerte entre las 24 y las 48 horas después del inicio de los síntomas. Además, suele ocurrir en personas saludables sin factores de riesgo. Se puede presentar como meningitis bacteriana (infecta las membranas que recubren al cerebro y la médula espinal) o en forma de sepsis (infección generalizada de la sangre).

Se estima que cada año se producen unos 500.000 casos alrededor del mundo6, con una incidencia estimada en 0,6 casos por 100 mil habitantes en Argentina. Los niños menores de cinco años son los más vulnerables ante esta patología y dentro de este grupo los menores de un año son los más afectados.

“La forma clínica más común es la meningitis, afecta especialmente a niños menores de un año, donde la tasa de ataques, es decir, la cantidad de casos por habitantes es mucho más alta que en otras edades. Es una enfermedad que si bien no es muy frecuente, es muy grave, tiene una alta mortalidad y es muy difícil detectarla precozmente ya que afecta a niños sanos que pasan rápidamente, en unas pocas horas, de un estado de salud a un estado de enfermedad, un 20-25% puede requerir terapia intensiva” afirmó el doctor Eduardo López, Jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y Profesor de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador

Los síntomas característicos de la enfermedad meningocócica son fiebre alta, confusión, vómitos y fotofobia, pero inicialmente suelen ser inespecíficos (sobre todo en los lactantes) y similares a un estado gripal, por lo tanto muchas veces es difícil diagnosticar la enfermedad tempranamente.

“Esta enfermedad es repentina, severa, impredecible y de rápida evolución. La mayor cantidad de casos aparece antes de los cinco años y dentro de este grupo los menores de 12 meses son los más afectados. Un bebé sano puede pasar en pocas horas de una consulta por una simple fiebre a estar internado en terapia intensiva con una enfermedad grave causada por meningococo.” agregó el doctor Enrique Casanueva, jefe de la Sección Infectología Infantil del Hospital Universitario Austral.

“Los primeros síntomas en los niños pequeños, en especial lactantes, suelen ser inespecíficos, sin embargo, debido a su rápida evolución, es fundamental tener un alto índice de sospecha para su diagnóstico” sumó el doctor Stamboulian.

En Argentina, durante 2012 se registraron 181 casos de enfermedad meningocócica, donde la población más afectada resultó ser la menor de 1 año (68 casos). Entre estos, el 88% (60 casos) de los afectados tenía menos de nueve meses.

La mayoría de las personas transporta la bacteria Neisseria meningitidis (también conocida como meningococo) en la nasofaringe (nariz y garganta) de manera asintomática en algún momento de su vida, y esa tasa de portación alcanza su pico máximo en los adolescentes y adultos jóvenes.

Se estima que entre el 10% y el 20%3 de la población es portadora sana de la bacteria, y que una vez adquirida la persona puede convivir con ella hasta por cinco o seis meses. Si bien menos del 1% de los portadores desarrollan la enfermedad, pueden transmitir la bacteria a otros individuos estando sanos.

“El contagio de los niños pequeños, que son susceptibles a la enfermedad más que en otras edades, puede realizarse a través del contacto estrecho de los convivientes (padres, familiares, cuidadores) que pueden ser portadores sanos de la bacteria” afirmó el doctor López.

Además, el contacto cercano con un enfermo puede incrementar de 400 a 800 veces el riesgo de adquirir la bacteria, la que puede transmitirse fácilmente entre las personas por medio de las gotitas de saliva que se desprenden al toser, estornudar y por el contacto directo a partir de un beso o al compartir un vaso o un mate. Las condiciones ambientales como el hacinamiento y el frío también pueden influir en el contagio.

Se identificaron 12 serogrupos de N. meningitidis, de los cuales cinco (los serogrupos A, B, C, W-135, Y) son responsables de la mayoría de los casos de la enfermedad. En la Argentina, al igual que en otros países, su presencia se ha ido modificando con el tiempo. Entre 1995 y el año 2000, el serogrupo prevalente fue el C; de 2006 a 2007, el más frecuente fue el B, que representó el 72% y el 67% de los aislamientos respectivamente. A partir de 2008 se observó un aumento progresivo de la variante W-135, que desde 2010 se ha convertido en el de mayor incidencia, en 2012 representó el 56% de los casos reportados.

Vacunar para prevenir

Como además de tener un mayor riesgo de contagio, en los niños pequeños la detección y el diagnóstico de la enfermedad son más complicados, dado que los signos y síntomas no son tan claros, los expertos insisten en que la vacuna es la mejor forma de evitar problemas que muchas veces resultan irreversibles. “Podemos tomar medidas para reducir el riesgo de contagio como: lavarse las manos, cubrirse la boca al toser o estornudar, evitar el intercambio de elementos que los niños se lleven a la boca y ventilar los ambientes, sin embargo, la herramienta más efectiva para la prevención sigue siendo la vacunación” afirmó Casanueva.

En la actualidad, la Argentina cuenta con vacunas que previenen el contagio de los serogrupos más frecuentes, con excepción del B, contra el cual la agencia que regula los medicamentos en Europa (EMA) aprobó recientemente una vacuna que aquí todavía no está disponible.

La nueva indicación aprobada de la vacuna antimeningocócica ACWY del laboratorio Novartis, la convierte en la primera y única vacuna disponible para estos serogrupos a partir de los 2 meses de edad. “La disponibilidad de la vacuna cuadrivalente desde los dos meses, brinda la gran oportunidad de vacunar a los niños pequeños, quienes son los más afectados por esta devastadora patología. Desde el punto de vista epidemiológico, en Argentina hay dos situaciones que remarcan la importancia de proteger a los niños pequeños contra esta enfermedad.

En primer lugar, el serogrupo W135 (que está incluido en la vacuna) es el principal causante de enfermedad meningocócica. En segundo lugar, los menores de 1 año de edad son el grupo etario más afectado, tanto en términos de morbilidad como de mortalidad”, afirmó el doctor Stamboulián.

“Si uno quiere prevenir la enfermedad por meningococo y sus consecuencias, es fundamental vacunar lo más precozmente posible. Uno puede vacunarse a cualquier edad pero teniendo cuenta que la enfermedad comienza con mucha mayor frecuencia antes del año comenzar a vacunar a partir de los 2 meses es lo ideal.” concluyó López.

Evidencia Científica
La seguridad de la vacuna en el esquema de 4 dosis fue evaluada en tres estudios clínicos multicéntricos, aleatorizados y controlados en los cuales participaron 8.735 lactantes de 2 meses de edad que recibieron Menveo concomitantemente con las vacunas pediátricas de rutina12. Los estudios demostraron que la vacuna meningocócica conjugada para los serogrupos A, Y, C y W-135 generó una respuesta inmunológica de protección robusta. Por otro lado, puede ser administrada junto con el resto de las vacunas en el lactante.

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